¿Qué es un símbolo?, ¿qué es un sacramento?, ¿qué es un rito?
Antes de nada, vamos a hacer un pequeño análisis acerca de los símbolos, ritos y sacramentos en la vida cotidiana, para poder entender posteriormente los sacramentos cristianos.

Un símbolo
¿De dónde procede la palabra símbolo? La palabra símbolo siempre se refiere a la “unión de dos mitades”. Modernamente entendemos que esta unión es entre lo que podemos percibir con los sentidos y la cosa a la que nos remite.

En la antigua grecia, la palabra designaba una tablilla que un anfitrión rompía en dos mitades, de modo que entregaba una de ellas a su huésped, con el objeto de que si algún descendiente de ese huésped -aunque nunca jamás hubiera conocido al anfitrión, ni éste al descendiente- pudiera darse a conocer si algún día volvía a la misma casa (de modo que el anfitrión le recibiera con los honores merecidos).

El símbolo es algo visible, escuchable, etc… pero nos remite a una realidad que no puede expresarse de una manera directa, y por eso requiere del símbolo.

Realidades simbólicas en nuestra vida:
Vamos a hacer un pequeño ejercicio, para descubrir símbolos cotidianos de nuestra vida.
(a los chavales les decimos la columna de la izquierda, esperando que sean capaces de decir símbolos de ello… les podemos pedir que aporten alguno más…)

Un símbolo para el luto  el color negro
Un símbolo para la vida  la luz (dar a luz, por ejemplo)
Un símbolo para el mal la oscuridad
Un símbolo para el amor  el corazón

El luto, la vida, el mal, el amor… son realidades complejas que no son fáciles de explicar, pero el símbolo nos remite a lo más profundo de ellas, porque se conecta con nuestro sentido más profundo acerca del luto, la vida, el mal, el amor… El símbolo NO EXPLICA, pero REMITE.

Un rito
El rito es siempre un ACTO, un GESTO, una ACCION VISIBLE. Implica una realización… realizar algo concreto.
El rito es MAS que el Símbolo, porque no solo expresa y remite a algo, sino que realiza aquello que expresa y a lo que nos remite.

Por ello, los ritos se refieren a movimientos reales que suceden en el interior de las personas, que las cambian a ellas o a la relación entre ellas, pero no de una manera visible.

Existen por ello, ritos para el amor: un beso, un abrazo, las relaciones sexuales de los esposos…
También hay ritos para el luto: el abrazo, el pésame…
Hay ritos para los acuerdos: el apretón de manos, el juramento…
Hay ritos para el desacuerdo: dejar de hablarse, no darse la mano…

Todas estas cosas no sólo expresan el amor, el luto, el acuerdo, el desacuerdo… también lo realizan, es decir, lo hacen real:

El luto es una condolencia, sentirse dolido con aquel que está sufriendo… aquel que es capaz de acercarse, abrazar a la persona, decir “lo siento mucho” expresa su “luto” y también lo realiza al hacerse de verdad cercano a esa persona.
Dos personas que están de acuerdo, lo expresan, y hacen realidad su acuerdo con un apretón de manos.
Si la persona que dice mostrar condolencia no se acerca al familiar o ser querido del difunto, no hace realidad esta condolencia. Si dos personas dicen estar de acuerdo, pero no lo expresan de una manera ritual, ese acuerdo no tiene forma real.
Si dos personas que se quieren, dejan de besarse, abrazarse, tratarse con cariño, finalmente su amor dejará de ser real.

Un sacramento
El sacramento es tanto un símbolo, como un rito, y en la mayoría de los casos, ambas cosas unidas.

El sacramento es algo “visible” que nos remite a algo que está más allá del propio objeto o acción con dicho objeto y ese algo tiene la particularidad de cambiar mi propia realidad de una manera no visible, pero real.

Lo mejor, para entenderlo, será tomar el pequeño relato del Sacramento del Vaso de Leonardo Boff:
Existe un vaso, un «tanque» de aluminio. De aquel antiguo, bueno y brillante. El mango está roto pero le confiere un aire de antigüedad. En él bebieron los 11 hijos, de pequeños a grandes. Acompañó a la familia en sus muchas mudanzas. Del campo a la villa; de la villa a la ciudad ; de la ciudad a la metrópolis. Hubo nacimientos. Hubo muertes. El participó en todo; vino siempre al lado. Es la continuidad del misterio de la vida en la diferencia de situaciones vitales y mortales. El y ella permanecen. Está siempre brillante y antiguo. Creo que cuando entró en casa ya debía ser viejo, con esa vejez que es juventud, porque genera y da vida. Es la pieza central de la cocina.

Cada vez que se bebe por él no se bebe agua sino la frescura, la dulzura, la familiaridad, la historia familiar, la reminiscencia del niño ansioso que se sacia tras la sed. Puede tratarse de cualquier agua. En este tanque siempre será fresca y buena. En casa todos los que quieren matar la sed beben por él y como en un rito exclaman: ¡Qué bien se bebe por este tanque! ¡Qué buena es el agua de aquí! Y en realidad se trata del agua que, según los periódicos, es tan mal tratada. Llega del río inmundo de la ciudad, llena de cloro. Pero, gracias al tanque, el agua se convierte en buena, saludable, fresca y dulce.
Un hijo regresa. Recorrió el mundo. Estudió. Llega, besa a la madre, abraza a los hermanos. Se matan añoranzas sufridas. Las palabras son pocas. Las miradas, largas y minuciosas : hay que beber al otro antes de amarlo; los ojos que beben, hablan el lenguaje del corazón. Sólo tras haber mirado, la boca habla de las superficialidades: ¡Qué gordo estás! ¡Sigues igual de guapo! ¡Qué mayor te has hecho! La mirada no dice nada de eso; habla lo inefable del amor. Sólo la luz entiende. «Madre, tengo sed, quiero beber del tanque viejo».
Y el hijo ha bebido de tantas aguas... «EI acqua de San Pellegrino». Las aguas de Alemania, de Inglaterra, de Francia, la buena agua de Grecia. Aguas de las fuentes cristalinas de los Alpes, del Tirol, de las fuentes romanas, el agua de S. Francisco. Agua de OuroFino, de Teresópolis, de Petrópolis. Tantas aguas...Pero ninguna es como ésta. Se bebe un vaso. Y no para matar la sed corporal. Esa, la matan todas las demás aguas. Para matar la sed del arquetipo familiar, la sed de los penates paternos, la sed fraterna, arqueológica, de las raíces de donde llega la savia de la vida humana. Esa sed sólo la puede matar el tanque. Se bebe un primer vaso. Apresuradamente. Termina con un largo suspiro como de quien se hundió y sale a superficie. Después bebe otro. Lentamente. Es para degustar el misterio que contiene y significa ese vaso.
¿Por qué el agua del tanque es buena y dulce, saludable y fresca? Porque el tanque es un sacramento. El tanque-sacramento confiere al agua, bondad, dulzura, frescor y salud.
En muchas ocasiones, nuestra manera de vivir en la realidad es sacramental (y de hecho, es la más real):
Cuando nos abrazamos al amigo al que queremos tanto, y estamos así un rato, notándole cerca, y hacemos real “la cercanía del corazón”.
Cuando nos quedamos contemplando el paisaje, dejando que el aire entre en nuestros pulmones y el sol nos caliente la cara, y hacemos real que somos parte de la Creación.
Cuando damos la mano a la persona que nos hizo daño y hacemos real el perdón…

Todo sacramento posee una inmanencia (lo qué es visible de él) que deja ver a través suyo (transparencia) para remitirnos a algo que está más allá de él mismo.

Hay cosas que se viven por dentro, pero se hacen reales al vivirlas de algún modo “por fuera”: eso es un Sacramento (y para ello nos valemos de los símbolos y los ritos).