Las dolencias cardiovasculares constituyen la primera causa de muerte en el mundo, donde cada año mueren por esta causa 17 millones de personas, 4,5 millones de ellas en Europa. En el caso de España las cifras también son desalentadoras, cada día 345 personas sufren un infarto cardíaco.
El pasado día 24 de octubre se celebró el Día Mundial del Corazón, que bajo el lema ‘¿Es joven tu corazón?’, pretendía resaltar que prevenir los problemas cardiovasculares ayuda a mantener el corazón joven durante más tiempo. Y es que las cifras no son nada buenas: casi la mitad (el 42%) de las muertes que se producen en Europa se deben a enfermedades cardiovasculares y se espera que estas dolencias se conviertan en una epidemia "dentro de 15 y 20 años", según aseguraron recientemente los expertos congregados en el Congreso Mundial de Cardiología celebrado en Barcelona.
En total, según la Federación Mundial del Corazón, actualmente, 17 millones de personas mueren en el mundo a causa de estas dolencias. De estas muertes, el 80 por ciento tienen lugar en países en vías de desarrollo y sólo un 20 por ciento en países desarrollados.
De esta forma, en Europa mueren 4,5 millones de personas por esta causa, y un tercio de estas muertes se producen en personas menores de 65 años, si bien, destacan el envejecimiento de la población como "principal factor de riesgo" de estas enfermedades, aunque no el único, ya que también se calcula que en el continente europeo una de cada cinco personas no hacen ejercicio físico, lo que ha favorecido un aumento de la obesidad, otro gran factor de riesgo cardiovascular
En el caso de nuestro país, si bien el presidente de la Sociedad Española de Cardiología, Luis Alonso Pulpón, ha señalado que España es uno de los países que tienen una tasa más baja en cuanto a enfermedades del corazón se refiere, también destaca que "estos datos están cambiando para peor".
Así, señala que desde 1987 hasta 1993, se ha registrado un incremento del 2,1 por ciento al año en cuanto al número de varones que mueren por esta causa, debido "a los hábitos de vida y la alimentación", ya que cada vez hay más sedentarismo y no se sigue la dieta Mediterránea. Por ello, no es de extrañar que los últimos datos revelen que un 20 por ciento de los españoles son obesos, un 40% tienen sobrepeso y un 60 por ciento tiene hábitos de sedentarismo.
Corazón de mujer
Uno de los aspectos que en la actualidad preocupa, y mucho, a los especialistas, es el aumento que se está produciendo en las mujeres de este tipo de dolencias cardiovasculares. Y es que, en nuestro país, los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística correspondientes a las defunciones del año 2003 y publicados en 2005 muestran como el 38 por ciento de las muertes de mujeres fueron de causa cardiovascular (más de 70.000 mujeres murieron por enfermedades cardiovasculares de un total de casi 185.000 fallecidas).
Esto es así porque, según los expertos, la mujer no es consciente ni del riesgo que corre, ni de que la enfermedad cardiovascular puede prevenirse, en parte por la falta de información y la falta de estudios dirigidos a la población femenina, ya que generalmente se traslada a las mujeres los resultados de estudios realizados en hombres, y en parte por la falta de una difusión adecuada de los mensajes de salud.
Por lo que respecta a los factores de riesgo, se ha constatado que las mujeres de hoy fuman más y fuman antes, estableciéndose que el riesgo de una mujer fumadora es de 4 a 6 veces mayor que las mujeres no fumadoras. Con la importante peculiaridad de que la unión de tabaco y anticonceptivos multiplica el riesgo de trombosis.
En este sentido, desde la Fundación Española del Corazón señalan que hay tres momentos de la vida de una mujer en los que ha de tener aun más en cuenta su corazón: durante la edad fértil, cuando se toman anticonceptivos; en el embarazo; y en la menopausia.
Con respecto a la primer etapa, destacan que los anticonceptivos orales pueden aumentar el riesgo de sufrir una enfermedad cardiovascular o un accidente cerebrovascular especialmente si quien los toma sufre hipertensión o fuma. Por eso, señalan que se debe consultar siempre con el especialista, lo mismo que durante el embarazo, ya que en esa etapa se producen cambios en el sistema circulatorio, y es importante controlar y detectar la posible aparición de hipertensión arterial y de diabetes gestacional.
Por último, destacan que en la menopausia, y por la consecuente desaparición de los estrógenos, las mujeres tienen mayor riesgo de desarrollar hipertensión arterial y colesterol alto, lo que favorece la aparición de la enfermedad cardiovascular. Sin embargo, la reposición hormonal con estrógenos en la menopausia no ha demostrado beneficios cardiovasculares y sólo deberían ser usados en dosis bajas, durante poco tiempo, para controlar los síntomas de sofocos, la sequedad vaginal y la osteoporosis de la postmenopausia.
Enfermedad cardiovascular en ancianos
En cuanto a los mayores, los expertos destacan que existe un elevado riesgo cardiovascular en la población anciana tanto por la alta prevalencia de muchos de los factores de riesgo (por ejemplo, más de la mitad de la población mayor de 65 años padece hipertensión y un porcentaje similar padece algún trastorno del metabolismo como la diabetes), como por el elevado riesgo que cada uno de ellos confiere a estas edades y el importante riesgo secundario de que un mismo individuo presente varios factores de riesgo, hecho habitual entre las personas mayores.
Pero con todas las salvedades y matizaciones necesarias, también señalan que la prevención de la enfermedad cardiovascular en la vejez a través del control de los factores de riesgo debe ser una realidad cada vez más asentada en los hábitos de vida de la población adulta y anciana.
Y es que la importancia de la enfermedad cardiovascular en el anciano no se debe sólo a que sea muy frecuente. Además de ser la primera causa de muerte en las personas mayores, está entre las dos primeras causas de incapacidad y deterioro funcional en este sector de edad. Por tanto, el impacto de las enfermedades cardiovasculares en las personas mayores no debe contemplarse sólo desde la perspectiva del posible aumento de mortalidad, sino más bien en su impacto sobre la situación funcional.
En este sentido, la práctica del ejercicio moderado y acorde a las condiciones de salud de cada individuo y de una dieta equilibrada, rica en fibra, pescado, fruta y vegetales, limitada en carne y sal puede ayudar a cuidar del corazón de los mayores, del mismo modo que un adecuado control de los factores de riesgo puede colaborar en el mantenimiento de su calidad de vida.
Cómo evitar un fatal desenlace
Pero a pesar de los datos antes mencionados en cuanto a prevalencia de enfermedades cardiovasculares, lo positivo es que luchar contra los problemas de corazón es posible, tan sólo hay que modificar algunos hábitos en nuestra rutina diaria que ayuden a evitar males mayores en un futuro.
En este sentido, los especialistas lo tienen claro: uno de los primeros aspectos que hay que tener en cuenta es el tabaco, ya que su consumo está directamente relacionado con un aumento en el riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares. Y es que además de ser, por sí mismo, un foco de riesgos por su daño a la sangre y las arterias, el tabaco potencia las posibilidades de padecer un problema de corazón si se encuentra unido a otros factores como, por ejemplo, la hipertensión o el sobrepeso.
Sobre este último factor tampoco cabe ninguna duda. Los kilos de más son enemigos de nuestro corazón, mucho más si, como indican los últimos estudios, éstos se localizan en el área abdominal. Por eso, es necesario controlar la ingesta de calorías y vigilar los posibles aumentos de la talla del pantalón, además de mantener a raya el índice de masa corporal (IMC), que no debe ser superior a 25.
Además, es muy importante tener controlados los niveles de colesterol y triglicéridos, ya que una acumulación excesiva de lípidos en la sangre puede contribuir a obstruir las arterias. Por eso es necesario reducir en nuestra dieta el consumo de grasas saturadas y analizar periódicamente los niveles de colesterol en sangre, y los de triglicéridos, así como también es necesario controlar la glucemia o nivel de azúcar en la sangre, ya que una cifra elevada contribuye a aumentar los riesgos cardiovasculares, y mantener a raya la hipertensión, puesto que tener una tensión elevada favorece la aparición de este tipo de enfermedades.
En cuanto a la alimentación, la máxima es hacer una dieta equilibrada. Y en este sentido, la dieta mediterránea es una de las mejores bazas para proteger nuestro corazón, ya que es pobre en grasas y rica en alimentos como las legumbres, el pescado o el aceite de oliva, todos ellos saludables y beneficiosos para el buen funcionamiento del corazón. Además, el consumo de frutas y verduras disminuye considerablemente el riesgo cardiovascular, mientras que una ingesta continuada de grasas trans y saturadas incrementa las posibilidades de padecer una enfermedad cardiaca.
Asimismo, los expertos destacan los beneficios que acompañar esta dieta con la práctica de ejercicio físico de forma regular, ya que realizar alguna actividad física de forma habitual contribuye a mejorar la circulación, favorece el buen funcionamiento del músculo cardiaco y contribuye a disminuir la presencia de glucemia y colesterol LDL en nuestra sangre. De este modo, los vasos y arterias son más flexibles y es más complicado que se produzca una obstrucción en ellos.
La mejor prevención, en la infancia
Sin embargo, y a pesar de lo beneficioso de seguir estas recomendaciones en la edad adulta, lo cierto es que lo ideal para evitar las enfermedades cardiovasculares, cuyo desarrollo, en la mayoría de los casos, se produce a lo largo de nuestra vida, sería establecer desde la infancia un estilo de vida saludable
Y es que, el empeoramiento de los hábitos de vida actuales está teniendo un terrible impacto en los más pequeños, especialmente en lo referido a la obesidad y el sobrepeso y, a raíz de ellos, a la incidencia del colesterol alto o la hipertensión. En los niños, adolescentes y jóvenes españoles (de 2 a 24 años), los estudios aseguran que un 13,9 por ciento sufre obesidad y un 26,3 sobrepeso.
Por ello, desde todos los ámbitos relacionados con la salud cardiovascular se ha querido hacer especial énfasis en la importancia de "concienciar a los niños" teniendo en cuenta que la conducta de éstos se puede cambiar entre los 5 y 10 años, algo que es más difícil que ocurra en los adultos. Además, los expertos coinciden en señalar que se da la "paradoja" de que los niños tienen más influencia en sus padres que los padres en los niños.
En este sentido, desde la Fundación Española del Corazón señalan algunos de los principales mensajes que sería necesario hacer llegar a los niños y adolescentes. Así, en primer lugar destacan la necesidad en los más pequeños de no adquirir el hábito de fumar y la importancia vital de alimentarse adecuada y equilibradamente evitando el abuso de la bollería industrial y la comida basura (recordando siempre que no hay alimento malo; lo perjudicial es el exceso).
Además, señalan también la necesidad de hacer ejercicio físico, sin ánimo de competencia feroz sino como forma de ocio, juego, potenciador de habilidades sociales, educación y, por supuesto, generador de un estado de salud presente y futuro, así como la posibilidad de buscar fórmulas de ocio y diversión más allá del ordenador, la consola o la televisión, ya que, aunque éstos no son perjudiciales utilizados con moderación, su exceso conduce al sedentarismo y sus consecuencias.
Fecha de publicación: septiembre 2006

Dice: hay tres momentos de la vida de una mujer en los que ha de tener aun más en cuenta su corazón: durante la edad fértil, cuando se toman anticonceptivos; en el embarazo; y en la menopausia. Lease toda la vida.
Estoy de acuerdo en lo que publicas, por eso hago ejercicio y una buena alimentación... quiero durar sana lo más que se pueda por mi peque.
Un beso.